martes, 14 de agosto de 2007

Melancolía de Invierno (Parte 1)

La fría mañana había llegado a la base, pero sólo un hombre lo había notado. Charles Nicholson se vistió, tomó su linterna y salió de su habitación. Caminó pensativamente por el enorme lugar, todo cubierto de sombras. No le gustaba mucho la perspectiva de un día solitario, pero tenía que cumplir con su trabajo. Sin embargo, al acercarse a la cocina vio que la puerta estaba abierta y notó la silueta de una persona. Era baja y de pelo largo, y de pronto, se le cayó su taza de café. Tenía que ser Amanda. Sonriendo para sus adentros, Charlie se apresuró a ayudarla a limpiar.

- Así que ya es la mañana- dijo ella, y lo miró con sus expresivos ojos – Vas a salir a buscar animales, ¿o no?

- Claro que sí, es mi deber de zoólogo- respondió él, fríamente.

- Yo no saldría con veinte grados bajo cero.

- Tengo que ir. Es la temperatura más alta que ha habido en todo el invierno, debo aprovecharla.

- ¡Charlie, estás obsesionado con tu trabajo!- gritó Amanda, perdiendo el control- ¡Si todavía quieres morir congelado, yo no te voy a detener!¡Eres demasiado terco!

Miró a Charlie, con los ojos centelleantes de furia, y se fue, cerrando de un portazo.Lo que acababa de ocurrir no era extraño. Amanda había estado muy irritable con Charlie desde que a él se la había ocurrido salir con menos treinta grados y casi había muerto. Pero ahora había diez grados más y Charlie había aprendido muchas cosas a lo largo del invierno.

Entonces llegó la voz, esa que había empezado a escuchar después de decidirse a cambiar de vida, y que se había vuelto mucho más insistente después de conocer a Amanda.

- Hiciste que se fuera- dijo la voz

- Me esperó aquí sólo para reprenderme- respondió Charlie

- Ella sólo trata de cuidarte.

- ¡Yo sé cuidarme solo!

- Deberías buscar un trabajo menos riesgoso.

- ¿Qué más puedo hacer?¡Soy un zoólogo! Y si no trabajo, no puedo pagar mi estancia aquí.

- Pídele dinero a tu familia.

- No podría. Ni siquiera me recibirían después de lo que les hice.

- Entonces vete a vivir a otro lugar.

- No puedo, porque Amanda nunca va a querer irse conmigo.

- No le has preguntado.

- Y no lo voy a hacer. Yo tengo razón, debo trabajar.

La voz se presentaba sólo a veces, casi siempre cuando tenía que tomar decisiones importantes. Pero últimamente había estando molestándolo mucho, por no decir acosándolo. Le hablaba casi todo el día, recordándole lo malo que había hecho. Era como una persona indeseable que no se podía quitar de encima. Charlie había decidido ignorarla, pero era imposible. No obstante, esta vez no la dejaría ganar. Haría justo lo contrario a lo que le aconsejara, y así tal vez la voz se aburriría, viendo que no le hacía caso, y lo dejaría de molestar.

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Voy a dividir este cuento en tres partes, para no postear el medio texto así de una…
Ojalá les guste =)

Jose I

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