“Soy el mar”
grita una gota de agua.
Lágrima de los ríos que,
aunque sumergida en la azul profundidad
del caprichoso océano cambiante,
tan solo se abraza, ignorante,
a su propia y diminuta inmensidad.
“Soy el otoño”
susurra una hoja anaranjada.
Bailarina traviesa del viento,
tan abstraída en su danza va
que no advierte aquellos árboles vestidos de gala
que, a su alrededor, juegan también a ser parte
del melancólico ocaso estival.
“Soy la música”
canta la alegre flauta.
Dulce instrumento que,
exhalando la aguda nota con un suspiro,
olvida que la verdadera música
es aquella melodía que producen
cuerda, aire y tambor,
formando finalmente
una sola y hermosa canción.
“Soy el mundo”
anuncia triunfante el hombre.
Hermoso ser que,
abriendo los brazos,
imagina girando a su alrededor
la música, el otoño, el mar, el cosmos;
y cierra los ojos para olvidar
a tantos otros que también creen
que lo central e importante
es su propia unicidad.
¿Y qué será, pues
cuando aquella gota de agua se evapore,
cuando el viento barra aquella hoja otoñal,
cuando el canto de la flauta se silencie,
cuando la vida de aquel hombre llegue a su final?
Seguirá el inmenso mar
en su eterno torbellino
y sus luchas de guerra y paz.
Seguirán las estaciones,
y regresará el melancólico otoño,
engalanando a los árboles con sus colores.
Seguirá cantando la música
mientras aún exista quien escuche
sus dulces melodías y canciones.
Seguirá girando el mundo;
nacerán hombres, morirán hombres,
cada uno según su turno.
Es un ciclo de eterno danzar.
Porque, gracias a Dios,
el hombre es gota de agua,
y no mar.
————————————————————————-
Es una versión “beta”. Recibí algunos comentarios (gracias Pato, miss Carolina…) y estoy viendo si corto a partir de los versos con preguntas, para dejar la interrogante del poema abierta. No sé. A mi me gusta. El título es temporal, todavía no estoy segura.
Sofi
grita una gota de agua.
Lágrima de los ríos que,
aunque sumergida en la azul profundidad
del caprichoso océano cambiante,
tan solo se abraza, ignorante,
a su propia y diminuta inmensidad.
“Soy el otoño”
susurra una hoja anaranjada.
Bailarina traviesa del viento,
tan abstraída en su danza va
que no advierte aquellos árboles vestidos de gala
que, a su alrededor, juegan también a ser parte
del melancólico ocaso estival.
“Soy la música”
canta la alegre flauta.
Dulce instrumento que,
exhalando la aguda nota con un suspiro,
olvida que la verdadera música
es aquella melodía que producen
cuerda, aire y tambor,
formando finalmente
una sola y hermosa canción.
“Soy el mundo”
anuncia triunfante el hombre.
Hermoso ser que,
abriendo los brazos,
imagina girando a su alrededor
la música, el otoño, el mar, el cosmos;
y cierra los ojos para olvidar
a tantos otros que también creen
que lo central e importante
es su propia unicidad.
¿Y qué será, pues
cuando aquella gota de agua se evapore,
cuando el viento barra aquella hoja otoñal,
cuando el canto de la flauta se silencie,
cuando la vida de aquel hombre llegue a su final?
Seguirá el inmenso mar
en su eterno torbellino
y sus luchas de guerra y paz.
Seguirán las estaciones,
y regresará el melancólico otoño,
engalanando a los árboles con sus colores.
Seguirá cantando la música
mientras aún exista quien escuche
sus dulces melodías y canciones.
Seguirá girando el mundo;
nacerán hombres, morirán hombres,
cada uno según su turno.
Es un ciclo de eterno danzar.
Porque, gracias a Dios,
el hombre es gota de agua,
y no mar.
————————————————————————-
Es una versión “beta”. Recibí algunos comentarios (gracias Pato, miss Carolina…) y estoy viendo si corto a partir de los versos con preguntas, para dejar la interrogante del poema abierta. No sé. A mi me gusta. El título es temporal, todavía no estoy segura.
Sofi
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